Como en el Mercado Guasú de otros tiempos

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La feria rural del INDERT, frente a su local en la capital, evoca aquel Mercado Guazu de los tiempos francistas donde los mismos productores batallaban las ventas pregonando a voces, seduciendo marchantes. 

En la era del supermercadismo acaparador y competente, el mercado popular con el mismo productor como comerciante se resiste a dejar su espacio ganado en el siglo XIX. En esa intención el INDERT se puso las pilas y lleva reuniendo 1.029 participantes en 25 ferias en lo que va del año en su vereda y en la del vecino de enfrente, ocupados casi todos los viernes por los pequeños granjeros.

Las frutas, los huevos caseros, el aromado quesú Paraguay, la mandioca arrancada ayer, lo mismo que las cebollas en hojas, el perejil y los locotes; y la miel de caña, los embutidos caseros, el poroto manteca, el zapallo y el andaí para el exquisito quiveve de siglos están en los puestos comandados por sus propios productores.

“¡Vení que che papito llevá el aguacate más rico del mundo!”, oferta la señora cuarentona al pituco cincuentón de las ropas de marcas quien, seducido, compra seis enormes frutas al retribuirla, de paso, una sonrisa sincera por su coqueteo femenino.

En un sector de los apretados almacenes, el aroma del soyo, de las empanadas y de las tortillas. En una sartén, la longaniza dispara la fragancia capaz de despertar apetitos a las paredes centenarias de la cuadra. Comidas típicas como en las casas de campo en el concurrido sitio compitiendo con la prestigiosa cocina del San Roque centenario de la esquina inmediata de la iglesia.

El mercado popular, o la feria como gustan llamar hoy, evoca la Asunción primigenia de los tiempos de Francia, de don Carlos y Francisco Solano, aunque sin burros apiñados en los alrededores, sin mercaderas descalzas, vestidos largos, de mantos negros y cigarro poguazú en sus bocas desdentadas.

Una feria que conviene a los pequeños productores, que deja bien al gobierno porque les ayuda a llegar a los consumidores, que compite con los gigantes supermercados y a la que los asuncenos hacen un guiño de complicidad porque todo está para que así sea.

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