Las gallinas “pererecas” y la inversión del Estado

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Desde el Brasil ingresan no solo huevos y carnes de aves, de contrabando, sino también gallinas viejas, vivas, a las que los brasileños llaman “pererecas” y que entorpecen los planes privados y oficiales en favor de la avicultura nacional.

El contrabando hacia Paraguay no es problema ni de los productores ni autoridades brasileñas, es de la Dirección General de Aduanas y del mismo Ministerio de Agricultura y Ganadería, que monta guardia en la aduana de Ciudad del Este, el resquicio por el cual se filtra la mayor parte de la referida piratería comercial.

Gallinas, pollitos, patos, gansos, huevos, alimentos balanceados, todo ingresa ilegalmente desde el vecino país al territorio paraguayo desde que se creara la ciudad a orillas del Paraná.

La aduana paraguaya es un racimo de controladores desde la cabecera del puente hasta saliendo de la llamada “zona primaria” de la Aduana. Decenas de inspectores de lentes oscuros y de camisas blancas y corbatas ponen los ojos en cada rincón de vehículos y bultos que ingresan al país pero sin resultados positivos para el productor primario en especial y todo el país, en general.

Entre tanto, el Ministerio de Agricultura y Ganadería lleva adelante un plan de fortalecimiento de la producción avícola a nivel de familias de menores recursos del Alto Paraná apuntando a que sea a mediano plazo un recurso comercial para cada una de ellas.

Al mismo tiempo, promoviendo la cría de aves en el Bañado Norte, orillas de la capital, inyecta 504 millones de guaraníes para alentar a los vecinos del lugar para dedicarse a la cría de aves.

¿Cómo compaginar el esfuerzo ministerial con la casi nula ayuda de los inspectores aduaneros en Ciudad del Este que dejan pasar todo renglón avícola de procedencia brasileña al margen de la ley?

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