La voluntad de producir

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En el sur está el imperio naranjero de Paraguay, recuperado mediante la voluntad de un hombre.

Las cosas se hacen por deseos. El deseo genera intención y esta, el hecho. Cuando en el imaginario uno aspira, ilusiona, ambiciona es porque tiene un ideal, un objetivo, una meta. Los brazos del deseo son la voluntad, son la misma intención. El deseo es nada menos que el ideal.

Dice una frase, “cuando se quiere se puede”. El querer es el deseo; el poder, la intención, la voluntad. Si se quiere hacer, se hace; si no se quiere, la voluntad no emerge.

Entonces, así como las cosas se hacen por deseos, también no se hacen por deseos.

El rescate de la producción cítrica, sobre todo en Itapúa, fue posible porque un joven alemán, Heinfried Kress, lo deseaba intensamente. Corría el año 1977. En busca de concretar su ideal fue a instalarse en Carlos Antonio López donde los citricultores le dijeron que él estaba loco, que no podrá producir naranjas ahí porque los naranjales desaparecen por el ataque de la cancrosis.

Kress no se amilanó y prácticamente solos, él y su esposa, se pusieron a plantar naranjas y creó un imperio, Frutika, que hoy exporta a varios países del mundo, dando ocupación directa a un millar de personas e, indirectamente, a más de tres mil.

Su buena voluntad era como una camioneta cuatro por cuatro, como aquella legendaria “Baindeirante“, que atropellaba cualquier esteral.

Kress mantuvo en su proa visionaria la estrella de su ideal que para José Ingenieros es “ascua sagrada capaz de templarte para grandes acciones”.

Digamos entonces que Kress tuvo, por hablar en términos actuales, “voluntad política” para llegar a su meta y la agujereó, la traspuso, venció su propia meta.

Punto y aparte.

En contrapartida, recordamos la desaparición de la producción algodonera paraguaya luego de estar entre las primeras del mundo.

Desde el poder se actuó en sentido contrario al de Kress; de haber ocupado a 137.000 familias campesinas, en menos de 10 años lo borraron del mapa lucrativo.

No hubo voluntad política para sostener la producción, hubo deseos de dejarlo de lado. Y cuando el deseo entra en acciónr dese por hecho la consecuencia que llega tarde o temprano, para bien o para mal.

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