Carreta alzaprima, cuando la industria forestal era intensa

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Carreta alzaprima, Paraguay antiguo.

Cuando Paraguay (406.752 kilómetros cuadrados) todavía era boscoso (hoy no tiene más de 600.000 hectáreas de monte virgen) las carretas alzaprimas abundaban en todo el territorio. Este transporte era utilizado sobre todo para el traslado de troncos o rollos como le conocen los paraguayos.

Se trata, como lo define el diccionario de la Real Academia Española (RAE), de un carro estrecho, sin caja, de grandes ruedas, empleado para transportar troncos u objetos de mucho peso. Casi ya no hay, aunque por el 2004 todavía se mencionaba que en Capiivary, San Pedro, todavía se utilizaba, como en la deforestación de Argentina, Brasil y Uruguay.

El vehículo tiene ruedas de diversos tamaños, mucho más grandes que los de las carretas convencionales. En Paraguay se conoce al alzaprima número 14 como el más grande; “los alzaprimas gigantes transportando montañas de rollizos y troncos de las selvas taladas”, describe Augusto Roa Bastos las actividades forestales del Guairá en su novela Madama Sui.

El transporte es tirado por, al menos, dos yuntas de bueyes. El carretero, o boyero, se ubica sentado en horcajadas sobre el rollo, desde donde, picana en mano, va incitando a los cuadrúpedos a mantener la marcha.

Por el departamento de Caazapá, un carrero alzaprimero al servicio de la maderera Fassardi, fue Faustino Brizuela, ascendiente del músico Marcos Brizuela. Este rememora que Faustino era de aquellos buenos carreteros “porque trabajaba solo”.

Entrando en la espesura, como dice San Juan de la Cruz, y mezclando los datos, nos percatamos que el escritor paraguayo escribe los alzaprimas, mientras la RAE recuerda que el género de la palabra es femenino.

Esta carreta fue utilizada por varones guerreros dispuestos a matar y morir en los tiempos revolucionarios de Paraguay; así se tiene que en Villa Hayes, los opositores al gobierno del coronel Juan A. Escurra, al mando del teniente de navío Elías Ayala, montaron sobre ruedas de alzaprimas, “antiquísimos cañones coloniales”, como describiera Alfredo L. Jaegli en Albino Jara, un varón meteórico. Los revolucionarios ganaron, iniciando en 1904 su hegemonía de más de 35 años en el poder.

La alzaprima fue herramienta imprescindible en la producción rural paraguaya sobre todo en la explotación forestal. Pueblos enteros de Paraguay se crearon en los espacios que fueron ocupados por los bosques, para lo cual este transporte fue vital. Los colonos alemanes que fundaron Hohenau, en las cercanías del río Paraná, en Itapúa, incorporaron en el escudo municipal la figura de esta carreta, junto a la del Espíritu Santo, la fachada de la iglesia y los productos del lugar (yerba mate, tung, soja, trigo).

Por la década de 1920, Leopoldo Ramos Giménez y Manuel Ortíz Guerrero caminaban, como sin rumbo, por la carretera que conduce de Villarrica a Caaguazú volviendo en horas de la madrugada en las carretas transportadoras de rollizos. Fue en uno de aquellos viaje que el poeta guaireño escuchó silbar a los boyeros canciones guaraníes de la época, mezcla de lamentos y alegrías, que las copió a su manera (por carecer de conocimientos sobre la escritura de la música) y que, José Asunción Flores se encargó de mejorarla. Mediante aquellas canciones de los conductores de alzaprimas nació lo que después se conocería con el nombre de guarania, bautizada así en homenaje a los indígenas guaraníes.

El escritor Mario Halley Mora (1926 – 2003) aportó por su lado que la guarania se inspiró en lo que se llamaba polka lasánima, que se cantaba en noches de difuntos.

“Yo carrero que trabajo para cumplir mi destino / llevo pesados rollizos para sacar el tanino / yo conozco todo el Chaco nadie recuerda de mí,/ mi consuelo es beber caña y cantar en guaraní”, dice la canción correntina Carrero cachapecero de Heraclio Pérez y Marcos Ramírez.

En Corrientes y Entre Ríos, Argentina, se lo llama carro diablo o carro del diablo; en el Chaco argentino se lo identifica como cachapé y al que lo conduce carrero cachapecero o chapecero. En Corrientes se denominaba playada al lugar donde eran depositados los rollos trasportados en alzaprimas.

Los carreteros encargados de transportar los rollos, acostumbrados a los largos y solitarios viajes, se alimentaban preferentemente del reviro, comida hecha de harina de trigo, aceite, agua y sal, recuerda el profesor Juan Evangelista Aguiar.

El nombre del transporte no es único en la región y, en apariencias, tiende a desaparecer, a la par de los bosques. En las últimas décadas las alzaprimas dieron paso a los potentes camiones para trasladarlos desde los montes a los aserraderos. A estos vehículos motorizados se los llaman rolleros o rolliceros, por lo que a las carretas destinadas a los troncos también se las identificaban como carretas rolleras o rolliceras.

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