Armando Feix, un colono, cuenta cómo venció al desierto y generó riquezas

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Armando Feix, en su casa en Santa Rosa del Monday.

Los inicios de los colonos en el monte no eran precisamente una luna de miel sino el cáliz del vino amargo que cada inmigrante debía beber todos los días. El bosque, completamente virgen en aquellos tiempos, no era para delicados y timoratos, o se triunfaba dando paso a la siembra bajo la luz del sol o, se fracasaba, incluso muriendo bajo el peso de sus gigantes tallos. Armando Feix, un pionero en los montes del Alto Paraná, relata aquí cómo pudo sobrevivir y salir adelante.

La colonización del Este no es el producto del atropello insensato de los colonos como algunos quieren instalar, con objetivos perversos, en el pensamiento colectivo. Ellos vinieron del Brasil atraídos por la propaganda del gobierno de aquel entonces, el de Alfredo Stroessner, quién incluso mandó emisarios al vecino país para promover la venida de quienes quieran abrir los montes y sembrar en sus tierras las primeras semillas para consumo y para la venta.

A oídos de Armando Feix (75), en Brasil,  llegó la noticia de que unos antiguos propietarios de las tierras del sur altoparanaense ponían en venta sus montes para quienes quieran dar duro al trabajo despejando el bosque y luego sembrar en las tierras ganadas.

Vino a Paraguay, vio y le gustó la calidad de la tierra.

Vendió unas 11 hectáreas que trabajaba en el Estado de Paraná donde con su esposa, Noelia, ya tenían a dos hijos, Euclides y Nairton, y con el dinero de la venta pudieron comprar 120 hectáreas en Santa Rosa del Monday hasta donde llegaron en 1973.

Llegó con su familia trayendo una vaca gyr, una cerda landrace, un ternero y gallinas. Vinieron para quedarse. Echaron algunos árboles, contrató a algunos obreros de Puerto Presidente Franco, construyó la casita en unas semanas mientras se refugiaban bajo carpa.

“Esto no fue fácil, fue muy duro, varios murieron echando árboles”, dijo el veterano sembrador de granos del pueblo mencionado. En sus vidas jamás han hecho semejante trabajo, ignorando el secreto del obrajero con oficio que sabe cómo evitar que el palo le caiga encima.

“Todo era monte y lejano. Los caminos eran picadas. Llovía casi todos los días, la humedad era grande pero a Dios gracias no nos enfermábamos por eso. Comíamos lo que teníamos guardado bajo carpa o en depósitos casi improvisados”, explicó el hombre que hoy sigue trabajando en la chacra y se siente feliz con su familia en Paraguay.

Acotó que nada había y que todo debían hacer a mano, de la manera más primitiva conocida, “era como volver al salvajismo para crear la civilización nueva, la de estas tierras del Alto Paraná”, reflexionó como transportado a aquellos tiempos.

Feix es un hombre dinámico que mucho hizo por el bienestar en el pueblo de Santa Rosa. Puso energías para crear una asociación de agricultores graneros y luego convertido en cooperativa, “Cooperativa Unión-Curupayty”,  del lugar.

Aquí nacieron sus demás hijos, Clairton, Berson y Graciela. Y también los descendientes de estos. Los comienzos quedaron lejos, atrapados en los recuerdos materializados en cepiadas fotos, en algunos implementos guardados en el depósito de la casa, en la piel curtida y en los hilos blancos entre los cabellos.

(Texto y foto: Efraín Martínez Cuevas, enviado especial a Santa Rosa del Monday). 

1 COMENTARIO

  1. Linda historia de un pionero.
    Así mismo le fue a mis abuelos, que inmigraron en los años 30 del siglo pasado. Hoy los así llamados sin tierra reciben las tierras gratis (que luego venden) y esperan que el estado les pague la siembra y que no le cobre los préstamos.

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