En Santa Rita, dejó la soja, reforestó y creó un parque

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Miguel Petter (Izq.) con los suyos en el parque de su creación.

A los 17 años de edad vino a Paraguay con su padre, Roque Petter, un inmigrante alemán radicado en Rio Grande del Sur, porque aquí la tierra era feraz y barata. Echaron los montes de la propiedad adquirida primero en Santa Rosa luego en Santa Rita y plantaron soja, mucha soja.  A la muerte de don Roque decide dejar de lado el grano y reforestar la propiedad y que hoy es un parque. Esta es la historia del inmigrante Miguel Lázaro Petter  Pletsch (56).

Como todo colono proveniente del Brasil a Paraguay dio duro a la motosierra para deforestar los extensos e interminables montes de la década de 1970 para usar la tierra en la siembra de renglones varios; primero, menta, luego los granos . Dice Petter que a él la soja no le salía bien, que tuvo deudas creadas por su producción y que prefirió dejarla de lado.

“no tengo buenos recuerdos de la agricultura desarrollada en Paraguay donde estoy desde 1973, trabajando en la chacra, falleció un hijo mío en un accidente de tractor”, dijo en entrevista con PR.

Añadió que comenzó a plantar árboles nativos y otros traídos de Brasil. Son unas 10 hectáreas. “Con cada lluvia fui poniendo plantines, incluso de frutales, que hoy ya dan frondosas sombras”, relató mientras recorría el predio con un enviado de nuestra página.

Desconoce cuántas plantas forman parte de su reforestación, “perdí la cuenta, son muchísimas plantas. A la gente gusta este parque que lleva mi apellido. Vienen, se alojan en los bungalós, juegan al fútbol porque tenemos dos canchas iluminadas, disfrutan de los quinchos y de la pileta. No, es común ver en leguas y leguas un parque reforestado. Aquí es pura siembra de granos”, comentaba como para sí mismo.

También se dedicaba a la cría de vacas lecheras, tarea que se redujo para el consumo en el hogar (Peter y su familia vive en el mismo parque) a cargo de Ana Cayé, su esposa, que quedó un poco sentida porque un reptil venenoso mordió a su mejor lechera, una Jersey; “antes, con mi papá teníamos muchas vacas y quizás la primera ordeñadora mecánica de toda la comarca”, se ufana al prender un cigarrillo en los fondos de su casa, pegada a una gran naciente formadora de un gran humedal, donde cría peces.

Vecinos de Santa Rita, Santa Rosa, Naranjal, Asunción y los estados de Paraná y Rio Grande visitan el parque rodeado de sojales hasta donde se pierde la vista. “Aquí se alojan. Algunos vienen por una semana, otros más o menos días”.

Al preguntarle si volvería a cultivar soja o cualquier otro grano dijo que no es su fuerte que prefiere reforestar dentro del terreno que alguna vez también fue ocupada por soja, trigo y maíz. “Creo que plantar árboles también es buena inversión y en eso estoy”, dijo finalmente.

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