Lo que no aprendemos ni en la universidad, el Chaco enseña

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El río Negro, en el Chaco, una "escuela" donde la naturaleza se aprende.

Fuimos al Chaco y aprendimos muchas cosas. Cuando se sale de la casa se aprende cosas de esas sencilleces que están en la naturaleza. No hace falta ser doctor para saber sino aprender de lo que enseña la creación. Volvimos reconfortados de esa academia de quebrachales, palmares y extensos llanos.

Un amigo nos explicó que la corteza del quebracho blanco, que existe en abundancia en la Región Occidental del país, cura los más intensos dolores de garganta, que es cicatrizante, que incluso sana las úlceras estomacales, que es excelente para los, a veces, insoportables dolores de cabeza, baja las intensas fiebres, combate el  paludismo y que es tonificante.

La pireca de este vegetal cura la alergia antes que cante un gallo por lo que es recomendable agenciarse de un buen puño de la corteza.

En el Chaco la paciencia es de las arañas. A las mañanitas se nota que muchas telarañas amanecen entre las varandas de un extenso puente de madera sobre el Río Negro, lo mismo que en los ramajes de los bosques cercanos.

¿Qué hacen las arañas? Y, como los pescadores, tienden sus redes para atrapar piezas con las cuales comer. Aprendí de las arañas la paciencia porque hay que ser perseverante y calmo para esperar porque es eso lo que hace la araña, esperar por la presa.

A los humanos nos falta la paciencia de las arañas. Somos atropellados, calentones, desarmonizados porque todo queremos ahora, aquí y ahora. La araña, en cambio, teje su red a la tardecita cuando el sol empieza a esconderse y, durante toda la noche, aguarda pacientemente, con la prudencia con que le formó la naturaleza.

En el Chaco se aprende de las charatas convivir en grupo, no así de las cotorras que viviendo juntas saracutean todas al mismo tiempo. De todas maneras también del desprolijo de los loros aprendemos que no se debe hablar mientras los demás hablan.

Las charatas están alertas entre sí. El primero que canta en las madrugadas provoca al de al lado despertarse y a cantar para que al rato todo el bosque se vista de su gorjeo agudo, fuerte y monocorde.  Esta especie sabe vivir y cantar en grupo.

Los carpinchos se alimentan de hierbas y su carne es una de las más sanas del mundo. La grasa de este roedor es mucho más sana que la del cerdo. Aprendemos de estos animales de la fauna chaqueña que es mejor ser vegetariano.

Aprendemos del peón chaqueño a no preocuparme por la lejanía, ni por la falta de gente en el entorno; practiquemos vivir en calma como ellos, colmados de silencio. Y aprendamos de ellos a trabajar en temperaturas extremas, a ser guapo bajo 45 grados de calor o con cuatro a cinco grados bajo cero.

No hace falta haber egresado de las universidades para asimilar conocimientos. El Chaco es un gran maestro que en sus bosques, sus tajamares, sus faunas, floras e insectos tiene reservada algo para enseñarnos, si queremos. La verdad está al alcance de nuestras manos. Para que nos ayude a ser mejores solo hay que buscarla en el entorno, en el extenso Chaco, por ejemplo.

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