El colono que siempre procura ser el mejor, ir adelante

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Laira Terezinha Mattei de Giordani y Alcir Eroi Giordani.

“No sé cómo explicar:  Ser alguien que siempre quiere ganar, que quiere andar adelante, alguien que siempre quiere ganar la carrera, nunca perder”, respondió Alcir Eroi Giordani (64), inmigrante de origen italiano venido del Brasil, al ser consultado cómo actúa él para vencer el desierto de aquellos tiempos de cuando inmigró al sur del Alto Paraná.

Giordani, radicado en una comarca de Santa Rosa del Monday, en medio de una reserva boscosa, se casó con Laira Terezinha Mattei y tuvieron tres hijos varones, nacidos en Paraguay: Marcio, casado con Juscema Pepe; Alexsandro, casado con Eliz Karina Centurión y; Diego, casado con Dayse Peloia.

Alcir y Laira tienen dos nietos paraguayos: Artur Giordani Pepe y Gabriel Giordani Centurión.

Ambos, Alcir y Laira, son de armas tomar, no se dejaron vencer por las necesidad iniciales, de los duros años de la década de 1970 cuando se dispusieron a ganar espacio para trabajar en la agricultura en esa parte del país.

“Para hacer historia uno tiene que trabajar.  Se muda de localidad, pero para seguir adelante. Nosotros vinimos a Paraguay, como nuestros antepasados vinieron a Brasil desde Italia, que sufrieron mucho igual que nosotros cuando vinimos aquí pero eso debe ser así. Le dimos duro al trabajo, todo para adelante”, dice el colono en entrevista con un enviado de Paraguay Rembiapó a Santa Rosa.

Ambos coincidieron en afirmar que sus mayores logros en Paraguay es haber tenido hijos y nietos paraguayos, “en la tierra que nos dio la oportunidad de crecer”.

Los Giaordani emigraron de Italia a Brasil en 1876 y se asentaron en Bento Concalves, Rio Grande del Sur. “Nosotros somos de la cuarta generación de aquellos que vinieron a Brasil.  Hemos venido a Paraguay y creo que estamos aquí para hacer historia también. Historia de gente que piensa trabajar, procurar mejor vida futura; al principio no era mejor vida, era sufrimiento porque no había prácticamente nada. Hoy vivimos en paz y armonía con el mismo empeño inicial en el trabajo”, dijo el hombre.

Compró la tierra de un vendedor en Paraguay; antes, vino a conocer el lugar. No tenía idea de estas tierras. Vino porque en aquellos tiempos se hablaba mucho de Paraguay en Brasil, que estaba en la frontera, que se estaba abriendo, con tierras fértiles.  De selva pero fértiles.  Era para quién se disponía a trabajar con bravura. “Ahora uno viene aquí ve todo bonito pero no era así”, comenta complacido la esposa.

Giordani trabajaba de día en la chacra y de noche, hasta que el sueño lo vencía, cortaba los follajes bajos del monte y quemaba las hojas y ramas secas. También a la luz de candiles cortaba de a uno los árboles. “Construí la casa a la luz de las fogatas”, rememora orgulloso de su esfuerzo.

Todo era monte que no dejaba un metro cuadrado al principio para plantar una cebolla. No había otra que ponerse a cortar árboles con acha y machete, mis únicos elementos de trabajo

Recordó el primer setiembre que pasaron en su monte cuando  no tenían ni una gallina ni una planta de mandioca.  “Llegamos a ese mes pero no pudimos cumplir con la idea de tener todo preparado para la siembra. Tanto era el trabajo de despeje de monte que nuestro calendario no alcanzó para llegar a cumplir las metas.  Las primeras siembras fueron para consumo: maíz, mandioca. Teníamos una vaquita que traje de Brasil que nos salvó la vida. Teníamos leche, por lo menos. Mi señora hacía un poco de queso y así tuvimos qué comer”.

Giordani y Mattei son un matrimonio apreciado y respetado en Santa Rosa, se dedican a la producción de granos y, en la casa, disfrutar de sus hijos, nietos y de ellos mismos.

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