Soja, Ciancio y Bertoni tuvieron razón

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Algunos de los alimentos obtenidos a partir de la soja.

Efraín Martínez Cuevas (*)

El doctor Pedro N. Ciancio, connotado científico médico nació en Caazapá, fue incansable propulsor de la producción y consumo de soja desde mediados del siglo XX.

Del mismo modo, el ingeniero agrónomo Hernando Bertoni Flores, ex ministro de Agricultura y Ganadería, alentó la producción del grano a nivel de pequeños agricultores a los efectos de convertirlos, a fuerza de experiencia, en empresarios agrícolas.

Quizás por influencias del doctor Ciancio en la Villarrica de la década de 1950 los niños tomábamos el “café” de soja, una infusión sabrosa y que se ofertaba a precios accesibles en aquellos tiempos en los dos mercados de la ciudad lo mismo que en sus almacenes de barrios.

Felizmente fuimos de los que le tomamos el punto a la leguminosa cuando la tuvimos en nuestros desayunos cotidianos.

De adulto aprendimos en casa a incorporar a nuestra dieta diaria a la “carne” de soja, obtenida a partir de la harina del grano y que es abundante en proteínas. Su nombre es debido a su parecido a la carne animal en textura y aspecto.

En Oriente la soja es el gran alimento consumiéndose como granos, infusión, plato de entrada, de fondo, como ensalada. En Paraguay, uno de los principales productores del mundo, no se consume sino en los restaurantes chinos como “carne” y ensaladas o mezclada con otros jugos.

La soja es uno de los grandes renglones agrícolas que responden a las necesidades alimentarias no solo de los humanos sino también de los animales. Quizás, a propósito, la ración animal con soja y otros en el alimento balanceado para animales genera determinados prejuicios que provocan rechazos en algunas personas en nuestro país.

Sin embargo, ese rechazo no pasa la frontera del mero prejuicio.

Desde luego, la soja es combatida desde plataformas ideológicas que no vienen al caso comentar en este espacio sino mencionar el hecho como un fenómeno impulsado por intereses creados y que, aún así, la humanidad sigue reclamando que la producción siga creciendo.

La gran producción paraguaya – unas 10.000.000 de toneladas en el periodo agrícola 2016-2017 – introdujo la mecanización agrícola al país o, lo que es lo mismo, la agricultura empresarial, esa que deja de lado el arado a mancera, la azada, el machete y la carreta tirada por un par de bueyes como elementos de trabajo.

Con la soja, se crearon los pueblos nuevos y las familias productoras que viven mejor.

Con el grano se instala en la nación el desafío de trabajar la tierra no porque, como algunos dicen, no hay otra cosa por hacer sino para aprovechar lo que Dios pone en nuestras manos para multiplicar riqueza.

Trabajar la chacra con la soja es disponerse a ocupar también la tierra con otros renglones como el maíz, el trigo, el girasol siempre a nivel empresarial. De hecho, la mayor parte de la producción de soja paraguaya hizo que su agricultura haya pasado a la categoría empresarial.

Como veterano periodista rural celebro cuando estudiantes terciarios de las carreras alusivas a las tareas en el campo se empeñan en investigar sobre este antiguo renglón agrícola. Me entusiasma que sepan sobre lo que genera el dinero con el cual aspirar más desarrollo en la comunidad nacional.

Me pone feliz que jóvenes compatriotas míos estén embarcados en saber la intimidad de la soja, el alimento que aprendimos a consumir de pequeños, que está en los platos más finos de los restaurantes del mundo, el que nos da el aceite con el que las madres preparan el almuerzo diario, con el que el este de la patria se convirtió en el valle de las mieses.

Como me pone triste que algunos jóvenes ataquen la producción sin saber sus bondades.

La soja es un grano estratégico, el país que lo tenga en abundancia como la República del Paraguay, está llamado a discutir negocios en los más grandes mercados del mundo.

Es el gran respaldo de cualquier moneda como lo es el oro, la plata y el petróleo para otras naciones. Es la cosecha que hace ganar admiración y respeto a la nación que produzca.

Tuvieron razón Ciancio y Bertoni.

A lo mejor solo faltan más jóvenes que desplieguen alas por sobre los intereses creados de modo que la soja no solo se consuma en abundancia en el país sino para posicionar la patria en todo el mundo por tener en manos lo que todos necesitamos a diario, alimentos.

Un país agrícola como Paraguay necesita trabajar la soja y, seguro, seguirá necesitando y más seguro que habrá agricultor de buena voluntad que lo plante y coseche.

Sí, no me caben dudas, el doctor Ciancio y el ingeniero Bertoni tuvieron razón y sus respectivos pregones valió la pena: hoy, la soja es un vigoroso puntal económico de Paraguay. Y ese vigor bien vale celebrar.

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(*) Autor de los libros “El valle de las mieses”, “Los eslabones del oro blanco”, “La ganadería en el Paraguay”, “Nelore y neloristas del Paraguay” y otros. 

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