Reforma agraria y, sobre todo, reforma urbana

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Asunción, Paraguay (foto, diario Hoy).

Efraín Martínez Cuevas (*)

Reformar es modificar, rehacer. Alguna vez, ya pasaron varias décadas, los gobierno plantearon lo que dieron en llamar reforma agraria; o sea, la modificación de la ley para beneficiar las labores del campo.

Pero pasó el tiempo y hoy no pocos agricultores migraron hacia las ciudades donde mientras algunos viven miserablemente otros lograron salir adelante.

Con reforma agraria y todo, muchos miles abandonaron las chacras porque la realidad es otra: a los agricultores campesinos migrantes resulta más atractivas las labores en los centros urbanos que en sus propias chacras.

Es así que hoy las ciudades de Paraguay son de altas densidades poblaciones no solo las principales como Asunción, Ciudad del Este, Encarnación, Caaguazú, Villarrica y todas del departamento Central sino, incluso, aquellas que por años vegetaron como Santaní, Curuguaty, Caazapá, San Juan Nepomuceno entre varios otros.

Los que laboraban en la producción de algodón, por decir, en otros tiempos formaron familias en Luque, San Lorenzo, Fernando de la Mora, Roque Alonso, Lambaré, Limpio, por mencionar solo las ciudades cercanas a la capital, con hijos nacidos en las ciudades de entre quiénes, a muchos, les va bien en las labores que eligieron tras dejar a un lado la azada y el machete.

Para estas miles de familias toda reforma agraria pasada, presente y futura carece de importancia. Lo que desean es la reforma urbana para que los hijos de sus hijos se desempeñen con garantías en el ámbito elegido tras la migración.

Y creo que tienen razón. No dejar de lado ninguna modificación en las leyes agrarias sino añadir una que nos acomode como ocupantes de las ciudades.

Asunción, en este sentido, es una de las que requieren urgente modificación. Esta capital de nuestros amores no puede crecer hacia el oeste porque el río no permite; al este, tampoco, porque en el arroyo Ytay empieza Luque. Luque no puede crecer hacia la capital porque las Fuerzas Aéreas ocupan unas 280 hectáreas donde viven unos cuantos oficiales militares y pastan otras tantas vacas.

Desperdicios de lugares que bien pueden destinarse a barrios enteros están vacios cuando la construcción de dúplex y departamentos se multiplican como hongos por la necesidad de viviendas.

La reforma urbana, a nuestra manera de ver, debe apuntar hacia, por ejemplo, la construcción de un puente que una a la capital con Chaco í (un puente destinado al tránsito y no como la avenida de la costanera que sirve solo para festivales y paseos en monopatines) y promover la urbanización de esa zona como parte de la gran Asunción.

Los cuarteles deben estar más alejados de la ciudad y sus espacios ocupados por viviendas, oficinas y zonas comerciales e industriales como en todas las grandes ciudades. La Marina bien puede desplazarse a Humaitá; las Fuerzas Aéreas a Concepción; el Ejército a Mariscal Estigarribia.

La reforma urbana no es posible mientras se destinen en plena ciudad 280 hectáreas para la aviación militar que no cuenta sino con un par de decenas de aeronaves casi obsoletas.

Las ciudades paraguayas requieren modificaciones a profundidad. Los cambios necesitan sacrificar a algunos para beneficiar a la mayoría no solo en el presente sino, y sobre todo, para los habitantes del futuro.

Una reforma urbana que contemple redes viales de envergadura, nuevos límites territoriales entre ciudades y departamentos, ordenamiento de los sitios destinados a las oficinas públicas, reforma de la planificación de los servicios básicos públicos, etc.

La reforma agraria es importante y debemos seguir procurando porque este instrumento jurídico sirva para el bienestar de las familias dedicadas a la agricultura. Si se necesita modificarla que se la modifique para el bienestar de los agricultores, en particular y; de la economía nacional, en general.

 Paralelamente es necesaria una ley sobre reforma urbana sencillamente porque todos los residentes en Paraguay tenemos también el derecho de radicarnos en las ciudades si optamos por ellas – incluso los que decidieron abandonar las tareas agrícolas – para dedicarnos a otras tareas que consideremos más rentables.

Por lo que se nota, la migración desde nuestros campos a las ciudades continuará con todas sus energías así coincidamos con que el futuro de la nación está en el campo. De modo que debemos reacondicionar las ciudades. No nos queda otra. Y esa gran tarea debemos empezar de inmediato.

(*) Periodista y escritor paraguayo. 

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