El agricultor granero, de nuevo es el pato de la boda

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Soja, moneda de cambio para la "estabilidad" política.

Efraín Martínez Cuevas (*)

El ojo de la tormenta está hoy en el Senado donde, a cuentas de los que trabajan la tierra, se negociará si estos recibirán más o menos azotes en sus rentas, si el apaleamiento será con cable trenzado del impuesto inmediato o con el teju ruguai del cobro escalonado. 

El pecado de los agricultores es trabajar y eso se castiga en Paraguay como se premia al contrabandista, al aduanero corrupto, al maletinero de cualquier pelaje, al empresario narcotraficante.

Los  senadores tienen lista la tablada para el sacrificio.

Acordaron entre los políticos (de derecha y de izquierda, del oficialismo y de la oposición) que el pato de la boda será el agricultor a quien se le ocurrió colaborar en la estabilidad económica del país.

Todos se pusieron de acuerdo para este fin. Desde Horacio Cartes hasta el último pichirulo de la política criolla.

El tema es cargar impuestos al que produce granos; a quien  sin recibir un peso gratis de nadie genera el dinero para el país.

Si el castigo al sojero no se da no habrá gobernabilidad en este último tramo del gobierno de Cartes a quien más le importa su propio pellejo político que la economía de los que se rompen el traste laburando día y noche en la chacra.

El espinel político está ahí, listo para atrapar la presa mayor, el que siembra soja, el que dio realce la producción agrícola del país, el que invierte en serio, el que mueve la plata en el campo y la ciudad.

En el Senado se negocia la cabeza del productor a cambio de la “gobernabilidad”, un eufemismo desgastado pero siempre provechoso para los políticos oficialistas y opositores en vísperas de otra elección presidencial.

Ahora está en el patíbulo el productor de granos. Mañana, quizás, el ganadero. Después, cuando de nuevo suenen las apocalípticas trompetas electorales habrán de ser los industriales, los artesanos y las mercaderas. No importa pelos ni marcas. Todos al cadalso, a la condena.

Se castiga al que trabaja y se premia la haraganería, la rufianería, la trampa como medio para enriquecerse. Para eso, sobre todo, está como está la aduana paraguaya, nido de maletineros, de recaudadores para los jefes, la antítesis de la decencia paraguaya.

Está en nuestro ADN ponernos en contra de quien trabaja y progresa sana y merecidamente. Es parte de la idiosincrasia paraguaya. En ese sentido estamos muy bien representados en el Senado.

Se premia al contrabandista, al narco fronterizo, al planillero del Estado, al perezoso, a los que construyen el infortunio del país. Se aplaude el éxito y progreso de un aduanero o inspector o funcionario o funcionario amigo de lo ajeno.

La Cámara de Senadores decidirá nuevos impuestos para cargar a la mochila de los agricultores sin explicar qué se hará con la plata. Eso es harina de otro costal, capaz que piensen. Lo importante es el hachazo a la cabeza del que por laburar pecó.  Hachazo que beneficia a la clase política y a nadie más.

Habrá más plata en las arcas de Hacienda. Eso se sabe.

¿Se solucionará el problema de la falta de medicamentos y rutas asfaltadas en el país con la plata que sigan sacando a los sojeros? No.

El diablo sabe más por viejo que por diablo:

Esa plata se esfumará en el mantenimiento del elefante blanco llamado Estado. La plata desaparecerá en este inmenso mar llamado SALARIO DEL FUNCIONARIO PÚBLICO. Ya el Estado se ingeniará para hacer que el dinero llegue con más generosidad a los empleados de los tres poderes y de las gobernaciones a partir de este último sacrificio a los agricultores.

¿Los senadores negocian la “estabilidad” del gobierno en base a la disminución de empleados públicos que roban el 95 % del presupuesto nacional?, ¡qué esperanza!, para eso están primero los sojeros, después, a lo mejor, los ganaderos, hasta que finalmente se llegue a la desgracia económica general como llegó Argentina con el socialismo haciendo de las suyas contra los verdaderos trabajadores porque ellos siempre hicieron valer primero sus intereses políticos y así les fue.

(*) Periodista y escritor paraguayo. Publicó los libros “Los eslabones del oro blanco”, “La ganadería en el Paraguay”, “Nelore y neloristas del Paraguay”, “El valle de las mieses”, entre otros y; editando, “Palabras y caballos”.

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